Llega el frio. Estos meses para una persona friolera son horribles. La gente calurosa los desea, sueña con ellos; se vuelven más amables, están contentos, les apetece salir. Para nosotros, los que odiamos el frio, nos convertimos. No queremos salir a la calle, solo pensamos en estar sentados en el sofá, tapados con una manta y tomar un chocolate calentito viendo una peli perfecta.
Para nosotros empiezan los problemas de movilidad, pensaréis que soy una exagerada, pero, cada uno a su nivel, sucede lo siguiente:
- Duele el pelo, a los poros de la cabeza no les gusta el frio. Éste se mete por dentro y llega al cerebro, molesta la cabeza hasta que empieza un dolor continuo.
- Los ojos se irritan, escuecen, solemos llevarlos medio cerrados y nos salen mogollón de arrugas.
- Nuestra nariz se vuelve roja, moqueamos y por tanto empiezan a hacerse heridas que suelen durar todo el invierno.
- Los labios se agrietan, intentamos darnos cacao o vaselina, pero no es suficiente
- Los dientes tiemblan de los escalofríos, alguna vez, se nos fastidia algún piño
- Los oídos duelen, se nos mete el frio hasta los tímpanos. Aparecen las otitis
- Perdemos centímetros de altura, el cuello se mete para adentro. Solemos tener torticolis: cuello rígido, dolorido…
- La espalda se encoge y se va hacia adelante, así que solemos tener una especie de joroba de ir con los brazos cruzados hacia delante. Esto nos ayuda a calentar un poco el pecho. Las tetas nos duelen mil. Los pezones suelen agujerear las camisetas del propio frio.
- Las cistitis son continuas, no solemos ir al baño en todo el día. Hay mucha ropa que quitar.
- Dejamos de ir a los gabinetes de belleza, los pelos abrigan.
- Nos salen sabañones, a parte de dan un poco de grima el verlos, son bastante desagradables de aguantar.
Todo esto lo intentamos solucionar con la ropa, con capas y capas de ropa:
Que si llevar gorro, orejeras, cuello, bufanda, la ropa interior, camiseta térmica, camiseta exterior, jersey de lana, leotardos, pantalones de lanilla o forrados por dentro, calcetines, botas de invierno, guantes.
No nos importa parecer una bola, tampoco caernos y que nos tengan que ayudar a levantarnos. Con tantas capas no podemos ponernos de pie.
Dejamos de ir a los médicos. Podemos estar unos 30 minutos, solo para desvestirnos. Somos personas solidarias y no queremos que la gente tenga mucha espera.
Para dormir, no somos personas consideradas atractivas: pijamas de franela, calcetines por fuera y el pantalón por dentro de estos, solemos ponernos en posición fetal, con las sábanas y mantas hasta por encima de las orejas.
Al principio de vivir juntos mi marido y yo, me dejaba abrazarme a él y ponerle los pies en los riñones. Ahora, posiblemente, si hiciera lo mismo, me pediría el divorcio.
Bueno, hasta la siguiente.