Pintura

Arcimboldo

José Ramón Bosque 4 min de lectura
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Hace falta ser muy arriesgado o tener mucha confianza para que el mismísimo emperador del Sacro Imperio Romano Germanico, Rodolfo II, te encargue un retrato suyo y tu le presentes uno con una pera por nariz, dos vainas de guisantes por cejas, una calabaza por frente y otras lindezas vegetales, y por lo que dicen, encima se parecía mucho, pero hay mucha más sofisticación de lo que parece en estos retratos tan veganos, aparte de estar pintados con una precisión y minuciosidad científica.

Para presentar a Giuseppe Arcimboldo lo más adecuado es compararlo con un coctel, o para estar más en su línea, con una ensalada de frutas.
Cójase media medida de científico, media de visionario, tres cuartos de adulador, una de pintor y rellénese la copa con abundancia de ingenio y pasión por la juerga.

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Nacido en Milán en 1527 e hijo de artista vidriero, pertenecía al movimiento pictórico manierista, ejecutado a su estilo.
No es demasiado lo que conocemos de su vida pero sabemos que con 35 años fue aceptado en la Corte imperial en Viena como pintor de cámara del emperador Fernando I. Por cierto para conseguirlo falsificó sus orígenes haciéndose pasar por descendiente de nobles.
Siguió en ese cargo con los sucesores de Fernando I, el emperador Maximiliano II y Rodolfo II, incluso cuando éste trasladó la corte imperial a Praga, donde montó la mayor corte humanista de la época, ambiente del que Arcimboldo se empapó.
Fue en la corte de Rodolfo II donde se comenzaron a desarrollar disciplinas científicas como el estudio y clasificación de la flora, entre otras, incluyendo las especies exóticas traídas de América, por eso el hecho de que el fruti-retrato del emperador tenga por frente una calabaza o un maíz por oreja a nosotros no nos resulta chocante, al fin y al cabo ¿Quién no conoce gente que tiene la oreja como una coliflor o la nariz como un pimiento? Pero es que en el siglo XVI esos vegetales solo eran conocidos en Europa por muy poca gente.
Precisamente por esa rareza, por ser solo conocidos por estudiosos de la botánica, es por lo que Arcimboldo los incluye en el adulador retrato del emperador, en demostración de sus grandes conocimientos.
En la capital bohemia, Arcimboldo, ganó el favor del excéntrico Rodolfo II, no solo haciendo retratos, sino organizando fiestas, decorando mascaradas y confeccionando trajes festivos, de los que se guardan más de cien dibujos, así como pomposos espectáculos de teatro, justas, nupcias, circos y bailes que incluían fuegos artificiales.
Dado que Arcimboldo no era estrictamente vegetariano hizo otro tipo de retratos, como el denominado “El Jurista” donde los peces componen la cara del abogado, un muslo de pollo la mejilla y los libros y legajos el cuerpo.

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Son muy llamativas sus obras reversibles, llamados retratos dobles, como este cesto de frutas que al girarlo se convierte en una cabeza.

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Quizás sus obras más celebres fueron las cuatro estaciones realizadas con productos característicos de cada estación, de las que Rodolfo II pidio a Arcimboldo sucesivas copias con las que agasajar a otros monarcas.
Una de las copias fue regalada a Felipe II de España, quien la tenía en gran aprecio, aunque solo se conserva “La Primavera”, el resto se perdió.

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En un análisis detallado del Verano se pueden ver treinta frutas y verduras diferentes propias de esta estación, con un pepino por nariz, una pera como barbilla, un melocotón por mejilla, una berenjena sirve de oreja. Cerezas y guisantes componen la boca, y son muy reconocibles también, entre otras especies, las ciruelas, frambuesas y moras de la cabeza, la alcachofa en el pecho, las cebollas en la frente, las espigas de trigo y de avena.
En el cuello puede leerse la firma del pintor.

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“El Otoño” es un hombre de rasgos toscos, poco amable, como la estación que representa. El cuello, formado por dos peras y algunas verduras, emerge de una cuba parcialmente destruida y sujeta por las ramas de un sauce.

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Parece que “El Invierno” y la vejez van de la mano y así lo representa Arcimboldo.

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La piel es un tronco nudoso, con las escoriaciones e hinchazones de la madera en representación de las arrugas del rostro de un anciano. La barba, escasa y poco cuidada, está formada a base de ramas y raíces. El ojo es una hendidura del leño y la oreja el resto de una rama rota. Solo aparecen dos frutos, dos cítricos, limón y naranja, únicos frutos de la estación excepto la seta con la que Arcimboldo compone la boca.
La capa, una estera de paja, tiene una M y una corona, en honor a Maximiliano II.​ El invierno, primera estación del año en el calendario romano y por tanto, la más importante, se asoció al emperador entre sus contemporáneos.
​Muy celebrada en su época la obra de Arcimboldo fue relegada durante siglos por considerar que era una especie de burla, sin reconocerle tanto sus méritos pictóricos, que los tiene, como su indudable ingenio.
Fue Salvador Dalí quien recuperó su obra y su memoria.
Desde luego que parece el primero de los surrealistas.

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