Una comida puede resultar un acto cultural. Puede ser que tenga tintes snobs, claro. Pero gastronomía como cultura. Como saber y conocer. Puede ser que yo, Ramírez, no maneje bien las herramientas de la literatura gastronómica. Y puede ser que me guste todo. Por lo tanto esto no es una crítica. Es una constatación.
- Bebimos, 1076 (Milsetentayseis). tinto. Ribera del Duero. dieciocho meses de crianza en barricas y foudres de roble francés y doce meses de crianza en botella. Si te das cuenta, el vino y yo, vamos con todo. Sin tontadas.
- Bebimos también champagne. Ya te lo digo, con todo. Y nos pusimos en manos de Mariano, uno de los mejores jefes de sala de Aragón. Abraza, es buena gente y entiende, desde abajo.
- En la sala de máquinas, Leandro Casas y su equipo. No puede fallar. Ha aprendido con los mejores, tiene vocación brutal y es \"más trabajador quel suelo\"
- Entrantes: Dado de lubina, con sal de Remolinos ( guiño) y caviar. Milhojas de perdiz escabechada ( me gustan los escabechados más que comer con las manos). Buñuelo de Longaniza de Graus.
- Carpaccio de Guayu. ( me encantan los carpaccios, ese nombre, y dos ces).
- Mantequilla trufada, foie a la llama y anchoa ( del Cantábrico, claro, alma cándida) en pancito. Aquí quería llegar yo. Homenaje a El Imperdible. El bar que cerró.
- Canelón de pollo asado con aceite de trufa y trufa rallada.
- Borrajas con almejas. ( uno de los platos especialidad del Gayarre). La importancia de los platos de cuchara.
- Rapé, cardo, setas y pan de anís. Cabello de ángel de cebolla y gigot del Pirineo.
- Y de postre : cañas de Remolinos con tofe salado y tartín de ,manzana.