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El mulo

Enrique Pérez Arco 4 min de lectura
El mulo
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El mulo

Con qué seguro paso el mulo en el abismo.

Lento es el mulo. Su misión no siente.
su destino frente a la piedra, piedra que sangra
creando la abierta risa en las granadas.

Así comienza Lezama Lima su “Rapsodia para el mulo”.

Mi propia infancia conserva la imagen, la pisada resonante contra el suelo de cemento, el cuerpo excesivo cruzando el paso estrecho del portón.

\"Con qué seguro paso el mulo en el abismo\"

Está sostenida aquella mi infancia de los caminos por una consistente lentitud, una parsimonia del paso y la mirada, que permite a las cosas anudarse a un ritmo... la sensación, el aroma, la textura, el color y curvatura de las lomas, cae hacia dentro del cuerpo, hacia el propio abismo o extravío del cuerpo arrojado hacia el mundo en su infancia. Como dijera precisamente la gran amiga de Lezama, María Zambrano. Ella en el exilio cubano conectó con el exilio de aquel su cuerpo de la infancia en Málaga.

El cuerpo, la extrañeza que se remueve bajo la piel de la noche… frente a lo otro que es la noche. Esa extrañeza será acogida, sostenida por el músculo tenso, balanceado bajo la pelambre amistosa del mulo. La amistad de la poesía, animal capaz de sostener todo el peso el mundo, capaz de entregarle al mundo su propio rostro. Ese animal poético no era entonces en la infancia más que mirada y extrañamiento. Pero contiene ya una resistencia tan obstinada, como la que el mulo transmite, al paso, con un ritmo y lentitud que será algún día palabra entrelazada, cruzando la propia niebla, noche del corazón. Entraña.

No crea, eso es tal vez decir:

¿No siente, no ama ni pregunta?

El amor traído a la traición de alas sonrosadas,
infantil en su oscura caracola.
Su amor a los cuatro signos
del desfiladero, a las sucesivas coronas
en que asciende vidrioso, cegato,
como un oscuro cuerpo hinchado
por el agua de los orígenes,
no la de la redención y los perfumes.
Paso es el paso del mulo en el abismo.

\"Paso es el paso del mulo en el abismo.\"

Repite Lezama Lima a lo largo de la rapsodia, a través de la cual quiso indagar, o quiso hacer sentir su propio acto de creación poética.

En su ensayo \"Confluencias\" explicó el origen del poema en su infancia. Rememora allí:

…el desfile de los mulos penetrando en el bosque, en lo oscuro. Los observaba -dice- y veía cómo penetraban en un destino que desconocían con la más invencible resistencia. Atravesaban la caída y la redención, soportando una total pesadumbre. Cuanto más me acercaba, más precisaba el temblor de su piel. Sudaban, temblaban y penetraban. Desconocían su destino, pero resistían. Penetran en su caída, como en su gloria y su resistencia ilumina…

Aquí salto desde aquella infancia de José Lezama Lima en el campamento militar de Columbia en La Habana, donde su padre era coronel, hasta los riscos de la montaña leonesa agujereados por la resistencia y obstinación de los hombres de la mina. Penetraban hasta el abismo de las entrañas para extraer el carbón de la noche. Ahora llueve...

Son lluvias tan llevadoras, como el fragmento en su luz,

agujereada luz, humilde, 

sin signo que la predestine.

Uno quisiera el decir emboscado, 

que significa en lo escondido.

La esperanza, uno quisiera.

Subida al mástil, oteada la llanura, 

la espuma allá en la otra orilla descifrada. 

Uno quisiera. 

Pero no será destino, sino silencio,

cruzándome, cruzado. 

Percibido en los intersticios más  profundos de este único costado,

el de un cuerpo...

...cuando alumbra, o cruje, 

la  vejez, la casa,

el grosor acumulado, posado como una dirección...

¿hacia dónde?

¿qué paso nos conduce, qué tenso músculo, qué pelambre, qué amistad?

Retoma la dirección hacia la in-fértil soledad.

Y llega, llegará sin duda la palabra tan llevadora.

La palabra que ocurre a la vez que se deshace,

la piel, los muslos, apretados contra el aparejo, los dedos...  la cuerda,

la cincha,

todo cruje en la soledad profunda del sentido, el cuerpo sentido como una dirección…

penetrando en la niebla del bosque, o las entrañas oscuras del cuerpo

mineral, terrestre,

posado en la palabra…

con una obstinación de un animal que acarrea

consigo los comienzos.

La palabra... ¿la sientes sobre la piel? 

cae junto a diciembre...

parece que afuera, 

pero es dentro de la casa

agujereada, 

en el cuerpo agujereado por el ritmo, como la luz,

por el agua

cruzado, cruzándome, percibido...

Se trata de lo percibido

antes del pensamiento, su delgadez extrema, su ínfimo lugar....

su manera de ser “entre…” … entre la luz y la niebla, la caída y la redención, entre el abismo y el árbol...

se trata de resistir en la formas intimas, sagradas de la vida… entre el abismo y el árbol que asciende….

Paso es el paso, cajas de agua, fajado por Dios
el poderoso mulo duerme temblando.
Con sus ojos sentados y acuosos,
al fin el mulo árboles encaja en todo abismo.

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Para leer y escuchar en la voz de su autor el poema completo \"Rapsodia para el mulo\", de José Lezama Lima: https://www.poesi.as/jll0005.htm 
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