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El refugio

Enrique Pérez Arco 5 min de lectura
El refugio
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El refugio

Me llegó por azar el fragmento de un poema de Mari Luz Escribano, poeta granadina. Lo guardé, ese fragmento, porque como se dice en él... el amor es la casa y la casa es la madre. Son palabras que señalan hacia un refugio: una dirección que merece la pena atender en estos días convulsos.

Busqué luego el poema. Y es hermoso, como la casa habitada por el cuidado es hermosa, como un país que cuida a propios y a extraños es un buen país. Lo era entonces. En los tiempos que se acaban.

Traigo del poema solo unos cuantos versos que dicen:

...pero yo la miraba desde el patio llovido,

sentada en la terraza,

cuando el otoño alzaba una luz de madera,

y pensaba: es mi madre,

definitivamente,

y mi madre es mi casa…”

...cuando el otoño alzaba una luz de madera.”
Es el único verso que sostengo aún en las manos caídas por todo la largo de la madrugada. Y este único verso, a su vez, me sostiene. Aparto un poco el resto del poema debajo de un papel arrugado por el último asesinato de la policía migratoria en Minneapolis. Pero el viento de Béla Tarr se lleva el poema y el papel y aquella compasión que abrazaba los caballos en Turín. Pero no se lleva el asesinato. Voy a pasos muy cortos por la escritura, igual que un corazón camina por el filo de la injusticia. Desde un mar de silencio... así se llamaba el poema de Mari Luz Escribano... se puede buscar aún y se puede comprender el musgo, el tiempo, la biografía; incluso podríamos comprender la sangre sobre la nieve de Mineápolis. Porque siempre encontrarás una palabra disfrazada de argumento. Pero no se puede comprender el silencio de los caballos, que se escapa por los bordes, como se escapa el verso de la mente cuando otoño alzaba una de luz de madera. Y entonces eso que siempre se escapa en las palabras abre algo en la materia, y abre un gajo de luz en la mente, sostenida la luz como un verso en las manos caídas de la justicia.

Hay una cita de María Zambrano que alude a las “...palabras no destinadas, como las palomas de después, al sacrificio de la comunicación…” Una luz de madera… es algo así… palabras no destinadas al sacrificio de la comunicación... Un solo verso que se escapa del argumento y la comunicación puede puede convertirse en refugio… y abrir un gajo de luz que abraza… al dañado y al que daña. Dentro de la mente. Donde nacen los futuros.

El diálogo que María Zambrano y Lezama Lima mantuvieron a lo largo de su vida tiene bastante que ver con este trasfondo que digo, según lo siento, a mi manera, claro. Hay un poema de Lezama y una carta de respuesta de Zambrano que quiero mostrar en dos fragmentos.

El poema fue escrito en marzo de 1975, y dice...

Las olitas jónicas del Mediterráneo,
los gatos que utilizaban la palabra
como
que según los egipcios unía todas las cosas
como una metáfora inmutable,
le hablaban al oído…”

Eso le dice Lezama a María… como la palabra que unía todas las cosas, y ella le pregunta y a su vez le contesta poco tiempo más tarde por carta...

\"¿Cómo decirle cómo?\"

Esa carta es muy hermosa, y refleja la intensidad de una amistad enraizada en la poesía como abertura... del mundo y de la razón. O sea como refugio. Interior.

\"Le escribo en este viejo papel arrugado, pero de hermoso color porque lo he encontrado entre unos papeles míos de La Habana. O lo compré allí o allí llegó de Italia. Allí ha estado y se quedó suelto como en espera de dedicación. ¿Cómo decirle cómo? Me tranquiliza el saber que en esta transparencia en que estamos como vivientes la palabra comunicativa va dejando lugar y blancura a la palabra de comunión. Hace ya tiempo o siempre en lo que usted escribe sucede, va sucediendo sin anuncio, anuncio ella misma y su cumplimiento, identidad de promesa y ser, tal como lo vi en su persona –en su presencia— en la hora de conocernos aquella noche\"...

\"Me dijo Ud. una tarde en el jardincillo a la puerta del Liceo, a la salida de una de mis innumerables conferencias: María, se le han puesto los ojos azules al hablar. Y Ud. no podía saber que toda mi vida quise tener los ojos azules. Y solamente usted los vio aquella tarde\".

Hasta el azul soñado por ella y visto por él en una materia que se abre… hasta ese refugio, hasta aquí quería llegar, hasta el otoño que alzaba luz de madera… hasta el fragmento, hasta la escritura que huye de sí misma, hasta la mente que se escapa de la mente, y del juicio, y del daño infligido sin compasión, hasta la paloma que se escapa de la comunicación, hasta el refugio, hasta el mar de silencio… que se escapa del silencio cómplice, un mar desde donde emergía el hermoso poema de Mari Luz Escribano a su madre, y a su vez cubría allí al otro lado del océano la amistad donde la palabra comunicativa va dejando lugar y blancura a la palabra de comunión.

Cómo decirle cómo”.

En agradecimiento al cine de Béla Tarr, he utilizado dos fragmentos de música de sus películas, a cargo Mihály Vig. Y aporto al final enlaces a una escena y texto donde se analiza.

«Hay que llevar verdaderamente el caos dentro de sí para poder engendrar una estrella danzarina».

Friedrich Nietzsche

...y aquí donde se podría añadir… engendrar un refugio.

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Pero Sr. Hagelmayer... aún no he terminado”

Descripción de una escena de Las armonías Werckmeister, película de Béla Tarr,

Valuska acompaña al hombre hasta el centro de la estancia vacía y le dice: «Tú serás el Sol»; se acerca a otro, que será la Tierra y a un tercero, que será la Luna: «Y ahora, veremos una explicación que nos ayudará a comprender, incluso a gente sencilla como nosotros, el significado de la inmortalidad. Lo único que os pido es que caminéis conmigo por la inmensidad en la que la constancia, la quietud y la paz reinan en un vacío infinito»

https://www.youtube.com/watch?v=IStbEs_CPxg

Descripción y escena de Las armonías Werckmeister, película de Béla Tarr, citado y analizado en el este mismo enlace.

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