Para bien o para mal, tengo una memoria de esas raras; recuerdo los nombres y apellidos de mis compañeros de clase en la E.G.B., pero si me pides que compre pan, te untarás el huevo frito con torta, porque volveré a casa con cualquier cosa menos con la barra. Puedo recordar casi palabra por palabra lo que me dijo una amiga en un viaje allá por el año 95 pero, si no fuera porque me pita el móvil, se me olvidaría felicitarla por su cumpleaños.
Puedo recitar discos enteros, películas, episodios de series, nombres de deportistas de toda clase de deportes, actores de doblaje… Pero seguramente se me olvide que el martes entro media hora más tarde al curro. En este disco duro mío hay almacenados teras y teras de datos, pero muchas veces me falla la RAM.
Pero, sobre todo, esta cabeza está llena de coplas, dichos y refranes (bueno, vale, también de chistes, pero eso lo dejamos para otra ocasión). Estos dichos y refranes los aprendí de mis abuelas, de mi abuelo Vicente, de la gente de mi pueblo, de mis pacientes de la farmacia, de mi madre, de mi compañero de trabajo allá por los albores de la década de los 10… de todo el que pasa por mi vida y deja un refrán colgando. Siempre que suelto alguno alguien me dice “tendrías que escribirlos”. Y he pensado que vale, que por qué no. Pero no solo voy a escribirlos; me apetece indagar un poquito, tirar del hilo, aprender de dónde vienen esas frases que me salen solas cada vez que abro la boca.
Voy a empezar por uno que todos conocemos: “Aprendiz de mucho, maestro de nada”. Hoy lo decimos casi como un tirón de orejas: “no te disperses, céntrate, que quieres abarcar mucho y no profundizas en nada”. Tenemos varios refranes para expresar este concepto: “Quien mucho abarca poco aprieta” o “Mucho y bien las palomas vuelan”. En este último, dicho sea de paso, podrían haber elegido un ave que volara más y mejor que las palomas. Pero volvamos al refrán que nos ocupa, que su historia es más que curiosa.
Por lo que he averiguado, el dicho viene del inglés antiguo (venga, me voy a esforzar en la pronunciación): “Jack of all trades, master of none.” Resulta que “Jack” es un nombre tan común que en inglés sirve para hablar de una persona cualquiera, el típico “Fulanito de Tal” o “Menganito de Cual”. Lo gracioso es que al principio la frase no tenía una connotación negativa. Allá por el siglo XVII, llamar a una persona “Jack of all trades” era decir que era un manitas, alguien capaz de hacer muchas cosas. Lo de “master of none” se añadió después, en el siglo XVIII, cuando empezaron a emplear la expresión como un reproche a quienes tocaban todos los palos, pero no se especializaban en ninguno.
Pero hay una versión más larga que devuelve la sonrisa y que viene a decir algo así como “Aprendiz de todo, maestro de nada, pero muchas veces mejor que maestro de una”. Vamos, que quizá no seas el mejor en una sola cosa, pero a menudo, así resultas más útil que quien solo sabe hacer una, por bien que la haga. Esta versión larga yo no la he escuchado en España, pero la verdad es que me gusta esa vuelta positiva.
Me viene a la cabeza otra expresión que me dicen a veces, y que adopté hace un tiempo, que se usa para dar a entender que alguien es capaz de hacer cosas muy variadas, cosas que en un principio no tienen nada que ver. Y es \"Lo mismo plancha un huevo que fríe una camisa\", o una corbata, hay variables. Me encanta por lo jocoso, siempre que la digo, sonrío. Y quien la escucha, si la entiende, también.
Así que, ya veis, aquí voy a estar aprendiendo de todo un poco, rebuscando sobre dichos, refranes y expresiones que llevo oyendo desde cría. Porque sí, el refrán dice “aprendiz de mucho, maestro de nada”, pero es que a mí me encanta aprender. Y eso es lo que voy a hacer: aprender. Y, si queréis, os invito a aprender conmigo.
Teresa Tomás, para La gaRceta de la ribera.