El Bohío Caraqueño

Henri

Jhonny López 4 min de lectura
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Hay córneas con ciertos tonos amarillentos o ámbar, que nada tienen que ver con señales de bilirrubina, porque si prestamos atención a los detalles, esa opacidad (como la llama débil de una vela en un cuarto oscuro, o esas bombillas de luz tenue de un poste en algún callejón a la media noche) se deben a los profundos padecimientos que se quedan a mal vivir en las tripas. Esos seres ríen, cantan y bailan, pero nunca se deslastran de las penumbras. Entonces, ¿cómo saber si fue el destino o el libre albedrío los causantes de que Henri, a quien apodaban Papillon por lucir el tatuaje de una mariposa en el pecho fuese uno de esos con opacidad en la mirada? Y no era para menos, después de llevar a cuesta el peso de una vida mundana y aventurera, pero sobre todo, tormentosa hasta el extremo de lo inverosímil. Su trajinar por la empedrada ruta al averno se inició cuando las autoridades francesas lo condenaron en 1931 a una vida en prisión por el asesinato de un proxeneta con el cual aparentemente tenía una rencilla. Sin embargo,  hasta su último halo de vida, siempre negó haber sido el autor de tal crimen. Lo cierto del caso que había un viejo refrán que decía: “Una cosa muy distinta era llamar a Lucifer y otra  verlo llegar”. Pero Papillon nunca recordó haberlo mentado, y aun así, en 1933 lo vio llegar, o mejor dicho, lo obligaron a visitarlo a su hogar en la colonia penal de la Guayana Francesa, donde quedaba la Isla del Diablo.

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Ile du Diable depuis l'ile Royale (Iles du Salut).
G.Mannaerts - Trabajo propio

El rostro de Henri era la viva imagen de aquel refrán: “Las arrugas son el mapa de la vida”, porque las líneas reflejaban su historia personal, surcos como caminos plagados de sangre y espigas. Cuando llegó al caribe francés fue confinado al penal de Saint Laurent de Maroni, un purgatorio de escala mediana (si acaso era posible medir el dolor) Pero a causas de sus múltiples fugas, fue trasladado a la infame Isla del Diablo, la cual era destinada para los peores y más peligrosos presos que ya de seguro le habían vendido sus almas al amo y señor del lugar. Y aunque todos los demonios se ufanaban al afirmar que era imposible escapar de aquel estercolero humano, intrépidamente, la mariposa se lanzó a un mar infectado de temibles tiburones, guardianes de las tinieblas, sobre un saco relleno de cocos. La improvisada balsa se entregó  al vaivén de las grandes olas, las cuales, después de una larga travesía, la condujeron a costas venezolanas. En las tierras de la arepa y el joropo, estuvo recluido en la prisión de El Dorado, la cual consideró aún peor que el recinto de la isla francesa. Allí terminó de pagar su sentencia, al salir de prisión el 18 de octubre de 1945, el mismo día que le dieron el golpe de Estado al presidente Isaías Medina Angarita. Viajó hacia Caracas y, al no tener Venezuela un tratado de extradición con el país galo, decidió rehacer su vida en la Sultana del Ávila, adquiriendo la ciudadanía criolla, bajo el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez.

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Foto del Gran Café tomada de Caracas Cuéntame

Con la caída del gobierno militar y el ascenso del Pacto de Punto Fijo, Henri Charriére inauguró “El Gran Café” en el Bulevar de Sabana Grande. En una “ironía kafkiana”, el sufrido prófugo mutó a próspero comerciante dándole inicio a otro capítulo en su  vida. Rápidamente, el café se convirtió en un espacio de culto y epicentro de la vida cultural de la ciudad,  para intelectuales, escritores y bohemios en general. Tal vez al entrar en contacto con esta pléyade de notables, lo motivó a escribir sus memorias en el libro “Papillon” con el cual obtuvo reconocimiento internacional.

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Farfalle, trabajo de Guillermo Miguel García

Vivió en Venezuela por 26 años. En el año 1973 se instaló en Madrid por dos razones: habían prescrito las causas que tenía pendiente con la justicia francesa y, por otro lado, quería regresar a Europa para promocionar su segunda obra literaria titulada “Banco”. Sin embargo, en la capital ibérica su salud se deterioró al punto de fallecer ese mismo año debido a un cáncer de garganta. Así se fue  la mariposa, pero esta vez, se fue volando hacia un viaje aún más largo.

Foto de portada tomada de este enlace de The Guardian

Música:
Douce France, Charles Trenet
La Mer, Charles Trenet
Pajarillo, Aldemaro Romero
Libertad Sin Ira, Jarcha
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