No viene a cuento

La caricatura del recuerdo

Marimar Solanas 3 min de lectura
La caricatura del recuerdo
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La caricatura del recuerdo

Todos sabemos que a veces, algunos recuerdos son caricaturas de la realidad.
El eco de las risas de la infancia y su devastador efecto, me guiaron hacia mi profesión, porque no quería ser yo, quería cambiarme para no ser objeto de esas mofas.

Ahora transformo edificios humanos: personas. Soy médico especialista en cirugía plástica, estética y reparadora.

Estos últimos años, como reclama parte de la sociedad, ya no reparo. Solo transformo. Hago rellenos, liposucciones, quito aquí, pongo allá, inflo muchos labios, levanto y amplío mamas, abro párpados… hago feliz a la gente. Porque mi moderna clínica es un santuario de recuperación de autoestima, y también ofrezco un catálogo de lo que esté de moda: allá cada cual.

Aquí soy yo quien da seguridad, no quien la persigue.
Una tarde, el nombre de la clienta me revolvió. Lo recordaba perfectamente, y ella no creo que se acordara del mío… mejor así.
Sólo me presenté con mi nombre de pila. Era la que había liderado las burlas, la que me había hecho sentir tan pequeña… vueltas que da la vida.

Sentí una calma poderosa. No me reconoció.
Me dijo que necesitaba un cambio para sentirse mejor. Una serpiente venenosa muy guapa y muy segura de no soportarse a sí misma.
Que sepan que yo sospechaba de que sufría un trastorno de la personalidad narcisista, que corroboré mirando su historia clínica (cosa que es delito, así que, que quede entre ustedes y yo).

Podía vengarme. En mis manos estaba desfigurarla, por ejemplo. Pero yo he florecido y no lo iba a hacer.
Preparando mi triunfo silencioso, desarrollé un plan para resarcirme.
En una de las entrevistas previas, me dijo:

- ¿Puedo confiar en el tratamiento? Usted me mira como si viese algo...

- Inténtelo, le dije.
Soy muy buena en mi labor, y además, los médicos solemos suscitar emociones contradictorias… puede pensárselo, pero le aseguro una identidad a la carta.
Entiendo que dude… que desconfíe.

Respondió:
- Quiero que sepa que la elegí a usted, porque no me conformo con mediocridades porque soy una persona que me gusta dejar marca en los demás, y usted tiene fama de dejar huella, ¡parece una conexión, está a mi altura!

Y lo decía sin la más mínima señal de reconocerme.

- Quiero que me haga algo invisible, pero que se note. Algo acorde a lo que soy, algo que envidie la gente por inalcanzable.

Le acerqué un espejo para que me dijese qué quería cambiar y ella se admiró un rato. Le dije que no mirase el rostro, que se mirara a ella, y se rió, como si fuese una tontería, sin aclararme nada.

- Bueno, dígame pues, qué cree que ven los demás cuando le miran.
- Pues ven a alguien exitosa, segura, imponente…
-¿Y qué más?

De manera altiva me grita:
- Doctora, no entiendo. No necesito un psicoanálisis, no tengo tiempo. Quiero resultados, y punto. Sé perfectamente lo que soy.

Sonreí con calma, para confundirla.

- Quieres una perfección incómoda. Eso es poder, que es lo que te gusta. No vas a dejar a nadie indiferente.

Concretamos una definición de pómulos, una hidratación labial, refinamiento del perfil nasal… nada nuevo, aparentemente, pero esta vez me iba a esmerar…

No pienso cambiar lo que eres, rata.
Voy a acentuar lo que intentas ocultar, pero que hace daño.
La gente ve más de lo que tú te crees.
Tu rostro será de piedra y proyectará una antipatía visceral, una perfección amenazante que te irá dejando cada vez más sola con tu arrogancia.
Para mí, será la caricatura del recuerdo que nombré al principio.

Pudiendo haber tratado su condición psiquiátrica, no lo hizo y siguió maltratando a su alrededor conscientemente, pese a las advertencias de antiguos amigos.
Su narcisismo le hará confundir el efecto de la intervención.
Creerá que la admiran, pero solo será un espejismo de poder.
Creerá que genera envidias y respeto, y lo que suscitará será odio.
Y creerá que son celos, porque seguirá considerándose la mejor.

Mi victoria será su soledad porque no tardará en hacerla sufrir.

Con mi perfección quirúrgica conseguí una paz indescriptible.
¿Acaso creían que la iba a deformar?

Nooo, que soy más elegante.

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