Pintura

La piedra de la locura

José Ramón Bosque 4 min de lectura
La piedra de la locura
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La piedra de la locura

Resulta llamativo la cantidad de veces que se hace referencia a la locura tanto en el gótico como en el renacimiento, especialmente en el del norte de Europa. No sé si se deberá a la fascinación por lo desconocido, por lo no entendido, o a que se deberá.

No me estoy refiriendo tanto al concepto de locura que hoy barajamos, psicopatías, esquizofrenias, etc. como a lo que en la edad media llamaban locura, la estupidez, la estulticia, el exceso de candidez e inclusive al enamoramiento exacerbado.

Se decía que esta locura era debida a una piedra que se forma en la parte frontal de la cabeza. Vamos tal y como se forma un cálculo, una piedra, en el riñón o en la vesícula que produce los dolorosos cólicos, pero en el cerebro.

Solución, está claro, una trepanación del cráneo, extracción de la piedra y a correr.

Nuestro querido y enigmático Jheronimus van Aken, el Bosco, no deja pasar por alto esta práctica sin satirizarla en tono moralizante.

En el museo del Prado podemos ver una tabla de roble no muy grande, 48 por 35 cm sobre este tema.

Lo primero que llama la atención es que la pintura, de formato redondo está rodeada de una leyenda en preciosas letras góticas que dicen: \"Meester snyt die Keye ras, myne name is Lubbert Das\", o lo que es lo mismo Maestro, extráigame la piedra, mi nombre es Lubber Das.

Lubber Das era un personaje flamenco símbolo de la estupidez, vamos era como decir Maestro extráigame la piedra que soy el tonto del bote.

Pero vamos a los detalles que es lo más substancioso.

El cirujano aparece con un embudo en la cabeza. Hasta modernamente se representaba a los locos con un embudo por sombrero, esto es, tan estúpido es el paciente como el cirujano.

El paciente con pinta de bobalicón ha dejado colgada en el brazo del asiento la bolsa con el dinero, bolsa que está atravesada por un puñal. Siempre que veáis este conjunto, bolsa con puñal, significa lo mismo, engaño. Este simbolismo se ve en muchas pinturas y no solo en el Bosco.

Además, el paisano ha dejado su calzado debajo del asiento. Son zuecos de madera, típicos de la clase campesina, asociando así al paciente con la falta de conocimientos y formación.

Contemplando la escena los personajes favoritos del Bosco, un fraile y una monja. Los coloca en todos sus cuadros satirizantes y hace mella en ellos.

Fraile dando un sermón, como si supiese de lo que habla, pero agarrado a una jarra de vino.

Monja con un libro sobre la cabeza, otro símbolo usado a menudo como ignorancia y falta de conocimientos. No por mucho ponerse un libro sobre la cabeza, por vivir entre ellos, se asimila su conocimiento, hay que leerlos. El Bosco pertenecía a una cofradía de la “devotio“ moderna, preluterana, que defendían la comunión directa con Dios sin la intervención de la Iglesia oficial, a la vista del mal ejemplo de los eclesiásticos.

La ironía se completa cuando el cirujano extrae nenúfares del cerebro del pobre desgraciado, en vez de piedras.

Leeréis por internet que son tulipanes, tan representativos de Flandes, de Holanda.

Los tulipanes no llegaron a Europa hasta finales del siglo XVI expandiéndose más a principios del XVII, mientras que este cuadro está realizado entre 1501 y 1505.

Como curiosidad lateral, en 1623 un bulbo de tulipán se podía pagar hasta 1000 florines cuando unos ingresos medios, anuales, estaban alrededor de 150 florines neerlandeses. Pero eso es otra historia.

Si continuamos paseando por el Prado no muy lejos del cuadro anterior nos encontramos, ¡Oh sorpresa! Con otro cuadro con la misma temática, la extracción de la piedra de la locura, del artista también flamenco Jan Sanders van Hemessen. Creo que se conoce por “El cirujano”.

En este caso el autor es menos irónico y representa la piedra, y el dolor que produce su extracción, fijaos que el paciente tiene que ser atado con correas y una tela a la silla, lo que no impide que se le escapen unas lágrimas.

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Ahora mirad a la parte superior, entre los dos tocados de las mujeres, colgando de una cuerda del cartel penden unas piedras que demuestran la experiencia del cirujano en este tipo de intervenciones, aunque eso no tranquiliza al siguiente paciente que implora por una buena cirugía pálido por el miedo.

Se ve que esto fue una práctica bastante común porque también lo representó Pieter Huys.

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O este otro de autor anónimo.

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O este de Brueghel el Viejo, ya con tratamiento en plan Seguridad Social masiva.

Este cuadro tiene mucha guasa, como todas las pinturas de Brueghel el Viejo. Pasad un rato contemplando cada personaje.

Solo un apunte, observad como la muchedumbre que quiere entrar tiene un bulto de la piedra en la frente.

Y luego mirad cada loco con su tema…

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