El ombligo de Venus

Lo pagaremos con hojas de buxo

Teresa Tomás 4 min de lectura
Lo pagaremos con hojas de buxo
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Lo pagaremos con hojas de buxo

Hay plantas que todos conocemos, pero a las que no solemos prestar mucha atención. Parece que pasan desapercibidas, como si fueran ya parte del mobiliario urbano o del paisaje de nuestros montes. En el caso del boj, podríamos decir incluso que forma parte de nuestros graneros, nuestras cocinas, nuestro folklore y un larguísimo etcétera. Porque, como veremos, el boj ha sido un recurso ampliamente utilizado para una enorme variedad de usos.

El boj, Buxus sempervirens, llamado en Aragón buxo, buixo o bucho, es un pequeño árbol o arbusto perenne, muy ramificado y con pequeñas hojitas ovaladas y duras, de color verde oscuro brillante, aunque en el envés son algo más claras. Sus flores son pequeñas, de unos 2 mm, poco llamativas y de color amarillo. Forman pequeñas inflorescencias (o grupos de flores) con varias flores masculinas y una femenina. El fruto es una pequeña cápsula con tres puntas, que contiene varias semillas.

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Crece de forma silvestre en zonas mediterráneas, aunque ha llegado al centro de Europa. En España la podemos encontrar en el cuadrante noreste formando matorrales en laderas y barrancos, aunque su uso sí que está extendido en todas las regiones de España. También es muy habitual encontrarla en parques y jardines formando setos.

Tradicionalmente, tiene algunos usos medicinales documentados, sobre todo como purgante o depurativo, pero más para uso veterinario que humano, ya que contiene sustancias que podrían resultar perjudiciales para humanos, como algunos alcaloides, y no se suele recomendar su uso interno.

Sin embargo, la fortaleza de su madera es muy apreciada ya que es imputrescible, es decir, que no se pudre fácilmente. Por eso se ha utilizado tanto a lo largo de la historia, y se sigue utilizando hoy en día para la fabricación de todo tipo de utensilios: cucharas y otros enseres de cocina, ruecas, bolillos (sí, los de hacer encaje de bolillos), badajos, punzones, mangos para herramientas, boquillas y pipas de fumar, instrumentos musicales, coleteros, brazaletes, collares... hasta las bolas del sorteo de Navidad están hechas de madera de boj.

Además se ha utilizado para construir techumbres para chozas, como combustible en los hornos de yeso, para hacer sellos con los que marcar el pan en los hornos comunales, o como colador usando las ramas más espesas. Sus cenizas se empleaban para mejorar la calidad del suelo y hasta una decocción de sus ramas se empleaba para conservar el color negro de la ropa.

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Cuando he dicho que forma parte de nuestro folklore, no lo he dicho porque sí. Con su madera se elaboran flautas, gaitas, baquetas, castañuelas, palos de paloteau, pitos... Con pitos me refiero a unas pequeñas castañuelitas que se tocan chasqueando los dedos, en lugar de abriendo la palma de la mano. Podemos ver estas pequeñas piezas en bailes como la Jota de Ansó, en el Pirineo de Huesca.

Hay verdaderos artesanos que trabajan la madera para estos fines, como Luis Salesa, un artista que elabora piezas de una elegante y cautivadora belleza.

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Por cierto, si no conocéis Ansó, bien vale la pena acercarse para pasear por sus calles, admirar sus casas, conocer su museo del traje y todo el entorno que rodea a este pueblo que fue portada de la Guía Oficial de Los Pueblos más Bonitos de España 2024. Y, ya de paso, podéis acercaros al resto del Parque Natural de los Valles Occidentales, con un buen puñado de pueblos preciosos y paisajes naturales maravillosos. Seguro que veréis muchísimos bojes.

Hemos hablado del fruto del boj, en forma de cápsula con tres pequeñas puntas, pero no os he contado una historia que alguien me contó hace poco:

Cuenta la leyenda que el boj no sabía cómo dispersar sus semillas, así que se le ocurrió encargar esta tarea a un jabalí que pasaba por allí, pero el jabalí se guardó las semillas para sí. El boj estaba desesperado porque sus semillas no se iban a dispersar y durante la noche lloró amargamente. Unos búhos se apiadaron de su llanto y se ofrecieron a ayudar al pobre boj. Durante las siguientes noches, los búhos se dedicaron a perseguir al jabalí, hasta que éste acabó harto y tiró las semillas por todas partes. Desde entonces, hay un jabalí y tres pequeños búhos en cada fruto del boj. ¿Lo habías visto?

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En mi zona hay una expresión para dar a entender que no tienes mucho dinero o no puedes pagar algo, se dice que lo vas a pagar con hojas de buxo.

Y en alguna época quizá no hubiera sido un disparate tan descabellado, porque ya habéis visto que valioso, lo es. Y mucho..

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