El Bohío Caraqueño

Los niños de la luna

Jhonny López 4 min de lectura
Los niños de la luna
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Los niños de la luna

Desde los tiempos en que surgió la antigua ciudad de Ur, la añosa luna cumplía con un ritual, cada noche de plenilunio, se acercaba hasta donde lo permitía Gea para intentar arrullar a los descosidos infantes que no conciliaban ensueños. A través de un halo de luz, escuchaba sus plegarias y pensamientos.

Entre tantos niños mártires de la tierra se encontró a Rubén que con su deterioro cognitivo se las ingeniaba para sacar el bachillerato a duras penas. Al salir del liceo se iba con celeridad a su casa para sustituir a su madre en el cuidado de su hermano menor postrado en una cama porque padecía de una discapacidad motriz. La mujer debía proveer el pan de sus hijos por lo cual trabajaba todas las tardes a excepción del lunes, como vigilante en una sala de cine del este de Caracas.

Rubén no llegaba a los catorce años, pero el peso de las circunstancias lo obligaban a asumir antes de tiempo el rol de titán que sostenía la roca. El satélite madre sabía de su dolor, su fe perdida y su deseo porque algún día los tres cerrasen los ojos por igual para compartir el sosiego de los muertos y así olvidar que alguna vez pasaron por este mundo.

Del otro lado del globo, en Rayúd, al norte de la India, caía la noche y la luna visitaba a los niños de las minas de mica. Anjali Kumari de seis años imploraba una tregua porque estaba cansada de picar rocas todo el día junto a su madre. Anhelaba la escuela pero sabía a su corta edad que eso era un sueño inalcanzable. Entonces, se conformaba con que por lo menos en esa jornada recién terminada, no le mordiera ninguna serpiente y que pudiera cubrir el promedio estimado diario de diez céntimos de dólar y cenar dignamente arroz con verduras.

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En una oportunidad, presenció cómo un niño de su misma edad, fallecía al quedar atorado en un agujero buscando el preciado mineral.

A veces, ella lloraba en silencio, sentía miedo de morir de la misma forma, solo quería estudiar, vivir en una casa y llevar una vida con lo mínimo indispensable para ser digna. A pesar de su hastío, aún no perdía las esperanzas de huir hacia un claro de luz.

La luna partió con dirección a occidente, siguiendo la ruta de la mica. Con destino final a la ciudad luz pero en su viaje, a mitad de camino, el astro se asustó ante un estruendoso ruido, una mezcla entre llantos y derrumbes. Sintió la necesidad imperiosa de desviarse y entrar en la ciudad de Gaza, entre escombros después de una explosión conoció a Mahmud, tirado en el suelo con su cuerpo ensangrentado. Ni cuenta se había dado de que ya no tenía brazos, en el momento en que lo hirieron, le pedía a su madre una y otra vez que lo dejara allí y que se llevara a su hermana con ella.

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*Luna, de guillermo gaRceta

Mientras lo sacaban de entre las ruinas de lo que se había sido su hogar, él solo pensaba, por inverosímil que parezca, en su dilema infantil: “cuando crezca seré piloto de autos de carrera o jugaré al fútbol profesional junto con mis amigos.” La luna respiró y antes de continuar su recorrido pensó en lo hoscos y amenazadores que siempre han sido los adultos en este planeta.

Cuando le tocó el turno de iluminar la ciudad de París, fijó su atención en una moderna valla bañada en luces, promocionando una nueva mascarilla facial, Moonlighting de una reconocida marca de cosméticos de lujo. Fue inevitable no pensar en el rostro de Anjali y el resplandor de la mica, también le vinieron los pensamientos de Rubén pero la testaruda luna no quiso un final así y en el siguiente plenilunio a través de un halo de luz, los volvió a arrullar pero esta vez también los abrazó con tal calidez que todos los niños mártires sintieron el estrujón.

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Música:
.Tonada de luna llena, Simón Díaz
.Satellite Of Love, Milla Jovovich Mdh Band

*No es que falten testimonios gráficos del GE NO CI DIO sionista de Gaza, de hecho habíamos seleccionado una foto explícita para arrojar a la vista de todos aquellos que digieren lo atroz, haciendo como que no existe, mirando para otro lado... pero pensamos que un instante de tal sufrimiento ha de quedar al resguardado de la mirada morbosa, no queremos contribuir a banalizar imágenes de la barbarie.

El ser humano es UNO, con sus distintas costumbres, músicas, vestimentas, gastronomía y dioses. Todos queremos a nuestros hijos, a nuestros amigos, quermos vivir en paz, EN PAZ y dignidad en nuestra propia tierra. No rebelarse de una u otra manera contra el espanto, asumiendo pacientes, asumiendo obedientes lo inefable, es invitar a la bestia a cenar a nuestra propia mesa... en nuestro propio plato.

Als die Nazis die Kommunisten holten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie mich holten,
gab es keinen mehr,
der protestieren konnte.


Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
ya que no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudo protestar.

Martin Niemöller

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