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Mapas, maps

Aliah Beik 3 min de lectura
Mapas, maps
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Mapas, maps

Trazando el mapa de esa playa, entraría por la pasarela de madera del viejo trol, llegaría hasta el último tablón, de ahí a la arena, describiendo un arco para llegar a la orilla desde la punta de las rocas. El recorrido siguiente sería bordeando la orilla, intentando caminar en el límite donde las olas rompen y se las traga la arena. Y así hasta la otra punta de la playa, donde las algas se acumulaban y el sonido del mar se amortiguaba. Una vez allí, una flecha en sentido contrario que le haría volver sobre sus pasos de nuevo hasta el puente de madera, donde estaría la gran X roja que señalaría la salida.

A J. le gustaba dibujar mapas de todo, era su gran afición. A veces trazaba de memoria mapas de lugares en los que había estado y luego comprobaba para orgullo propio como cada línea coincidía perfectamente con los trazados del Google Maps.

Este verano no había conseguido ni siquiera unos días de descanso en el trabajo, así que por la tarde, sentado en una terraza sin mucho más que hacer que ver las gotas de su vaso de refresco resbalar por el cristal, comenzó a dibujar el mapa de la playa que mejor recordaba en su pequeña libreta con la que iba a todas partes.

Sintió que estaba allí, caminó sintiendo las maderas en sus pies, luego la arena, e hizo el recorrido tal como lo había dibujado. Quiso andar más cerca de la arena, porque el agua le llegaba a la cintura, pero no podía desviarse, así que siguió caminando. Hasta las algas, y volver. Se paró a recoger algunas conchas, vio las gaviotas y cerró los ojos para oír las olas. Quiso bañarse, pero no se pudo desviar, y volvió por los tablones hasta la X de salida. Algo adormilado por el calor, acabó su refresco y cuando se levantó para pagar sacando las monedas del final de su bolsillo, ahí estaban, las conchas que había recogido hacía un momento, ¿en serio? Nunca revisaba los bolsillos antes de echar la ropa a la lavadora, bien cierto es que podrían llevar ahí tiempo, a veces se dan casualidades imposibles.

Por unos instantes pudo pensar que había viajado al lugar y recorrido el itinerario que había dibujado, pero estaba demasiado cansado para darle crédito. Tenía que dormir más. Con el calor de las noches, se quedaba en la cama tirado durante horas, y luego se arrastraba durante todo el día como podía.

El miércoles había hecho planes para ir al cine, un lugar con aire acondicionado por unas horas. A ver una película cualquiera, sin más. Al salir, el golpe del calor de fuera lo dejó sin opciones, tenía que encontrar un sitio donde tomar algo fresco antes de pensar en volver a casa. Miró a la gente pasar, con el ritmo derritiéndose a sus pies, lentos y pesados, y en su libreta empezó a dibujar. Eran las líneas de un nuevo mapa inventado, quizás un país entero, y marcó la ruta más extensa que pudo, sin ninguna línea de vuelta, un recorrido infinito.

Y volvió a tener esa sensación, se había desplazado allí, y estaba ejecutando paso a paso ese mismo itinerario dibujado. No podía desviarse, solo parar y regular la velocidad, pero tenía que seguir ahí, hasta el final. Pero no había final, no había dibujado la salida. La libreta se cerró, anocheció, la camarera recogió su bebida sin terminar, enfadada consigo misma por no haberle cobrado al ponerle la consumición.

Lo buscaron pero nadie lo encontró. Quizás siga en su mapa, quizás allí pudo dibujar otro y ya salió. Pero nunca lo sabremos, al menos, no yo.

Quizás si dibujas tu uno, y coincide, qué sé yo… puedas dibujar una X bien grande, para que vuelva, o no.

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