El ombligo de Venus

Margaritas, ¿me quiere o no me quiere?

Teresa Tomás 4 min de lectura
Margaritas, ¿me quiere o no me quiere?
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Margaritas, ¿me quiere o no me quiere?

Llamamos a mayo \"el mes de las flores\", pero en abril ya podemos disfrutar de un montón de ellas que alfombran de bellos colores nuestros parques y jardines. Algunas son muy llamativas, otras son más humildes. Y es de una de estas pequeñas bellezas de la que vamos a hablar hoy.

La Bellis perennis, cuyo nombre científico podríamos traducir como \"belleza que perdura\", tiene muchos nombres comunes; Chiribita, flor de gato, galana, botonet… Pero el más común es Margarita, ya sea margarita pequeña, de los prados o silvestre.
Son muchas las flores cuyo nombre se usa como nombre propio. Todos conocemos a alguien que se llama Rosa, Jacinto, Hortensia, Azucena, Begoña o Narciso… Pues también tenemos Margarita, que proviene del griego y significa \"perla\".

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Se trata de una hierba perenne de entre cinco y quince centímetros, con hojas en forma de espátula que se disponen en la base formando una roseta. Lo más llamativo, como suele ocurrir, son sus flores. Son las pequeñas margaritas que en abril cubren de blanco y amarillo nuestros jardines y dibujan un paisaje que es un regalo para los ojos, junto con el Diente de león, del que ya hablamos hace algo más de un año. Y ahora que ya sabemos lo suficiente de plantas y flores, podemos decir que, al igual que el Diente de león, la flor de la margarita en realidad no es una flor. Porque si miramos con una lupa dentro de lo que nosotros llamamos \"flor\", veremos que hay muchísimas flores de dos tipos diferentes: Unas son las que forman el disco central interno, las de color amarillo, y se llaman \"flósculos\" (Sí, tienen un nombrecito un tanto peculiar). Y las otras son las llamadas \"lígulas\" que forman la parte blanca exterior. Vamos, lo que habitualmente llamamos pétalos, pero que ahora ya sabemos que en realidad no lo son. A veces estas \"lígulas\" están rematadas en color púrpura, lo que las hace, a mi modo de ver, aún más bellas. Estos grupos de flores a los que llamaremos \"capítulos\" se cierran con el mal tiempo y también por la noche. De ahí viene su nombre en inglés, Daisy, que viene del inglés antiguo y significa \"ojo del día\".

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Y además de para adornar nuestros jardines, ¿Sirve para algo? Pues como os podéis imaginar, sí.
En la provincia de Huesca está documentado el consumo de sus hojas en ensalada, generalmente acompañadas de otras como las del Diente de león. Otra cosa más que tienen en común. Además, los cogollos de las flores se encurtían al estilo de las alcaparras.
Y, por supuesto, también tenía usos medicinales empleando las diferentes partes de la planta. Se preparaban infusiones y cocimientos para el sistema circulatorio, para prevenir los cólicos, como depurativo o como antitusivo. Y empleado en cataplasma para golpes, esguinces o ciática.

Ya las mujeres romanas llevaban adornos a modo de collares o diademas hechas con sus flores (bueno, con sus capítulos florales). También las damas en la edad media, y se dice que regalaban a sus caballeros una margarita de su adorno para que la llevaran debajo de la armadura, cerca del corazón. Otras historias cuentan que en la época victoriana, las sirvientas cogían las margaritas de los adornos de sus señoras y arrancaban los pétalos (bueno, las lígulas) para conocer el sentimiento de su amado.

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Sea esto verdad o leyenda, lo cierto es que ha perdurado hasta nuestros días y sigue estando muy presente en la cultura popular. ¿Quién no se ha fabricado una pulserita e incluso un collar ensartando una tras otra en un tallo largo? ¿Quién no ha deshojado margaritas preguntando \"¿Me quiere? ¿No me quiere?\". ¿Quién no ha escuchado aquello de \"Por el camino verde, camino verde que va a la ermita, desde que tú te fuiste lloran de pena las margaritas\"?
A mí me hace especial gracia otro de sus nombres comunes, aunque es más común en unas zonas que en otras; Chiribitas. Siempre recuerdo la expresión \"Le hacían los ojos chiribitas\". Es muy descriptiva, porque si os imagináis a alguien especialmente emocionado o contento de ver algo, no es difícil comparar sus ojos con las margaritas.

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Unas pequeñas flores tan sencillas como abundantes, anunciadoras de la primavera que alegran el alma y nos llenan de luz y color, sin que apenas les demos importancia. Y quizá no llegamos a valorarlas como se merecen precisamente por ser tan abundantes. Damos por sentado que saldrán el próximo abril para que podamos deleitarnos la vista y jugar con nuestros niños y niñas, y no les hacemos mucho más caso.
Menos mal que con las personas no hacemos eso, ¿verdad?

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