El Bohío Caraqueño

Morena

Jhonny López 3 min de lectura
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Nadie le preguntó a Morena, si su jaula le parecía  lo suficientemente amplia. Ninguno de estos carceleros pensó que lo mejor hubiese sido dejarla en libertad, después de ser rescatada de las sombras de un bellaco banquero de bienes mal habidos, propietario de un parque temático en su lujosa mansión. Lo único que extrañaba de aquella cámara de ámbar, era la preciosa panorámica del pico Naiguatá. Al despuntar el alba, en su nuevo cautiverio recibía la visita de vibrantes guacamayas que con su colorido plumaje y animosa  alharaca le alegraban el rato. Las aves le hablaban de las brumas de un mar que estaba más allá del horizonte, de la densa neblina matutina y del verdor de la majestuosa montaña que el águila arpía solo contemplaba en la lejanía. En ciertas ocasiones, el ambiente se tornaba apesadumbrado, cuando en torno a su  aviario, bandadas de zamuros volaban en círculos, obstruyéndole  la visión y emitiendo un repulsivo sonido en sorna cruel.

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Morena, se aferraba a unos vagos y remotos recuerdos de árboles tropicales y ríos sinuosos de elegantes curvas. Suspiraba entristecida y soñaba despierta con tener la posibilidad  de volar alto y trasvolar la cima del cerro que tenía al frente. En una calurosa mañana de abril, un par de urracas dispersaron la noticia de lo acontecido la noche anterior en un zoológico aledaño, cuando un intrépido joven liberó a todos los animales enjaulados. En esas aciagas horas, la ciudad sucumbió ante  el caos y paranoia colectiva. Mientras esto ocurría, el águila arpía emocionada, cerraba sus ojos como esperando escuchar en cualquier momento una voz que le dijese anda y vuela alto, desdichadamente esas anheladas palabras nunca llegaron. En el transcurso del día, lograron recapturar a casi toda la fauna liberada y el responsable fue puesto a la orden de las autoridades quienes lo internaron en un hospital psiquiátrico. En su estadía, el indomable idealista aprendió el oficio de artesano y con el tiempo al salir de aquel recinto, se ganaba la vida fabricando animales de juguete con materiales de cartón piedra.

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Por su parte Morena con cada amanecer, contemplaba el paisaje que engalana la ciudad y nunca perdió las esperanzas de flotar su cordillera. Así se mantuvo por cuarenta años, hasta su último halo de vida. La tarde de su fallecimiento, hubo un comunicado oficial señalando que el águila arpía había muerto en paz, en su santuario donde vivía feliz, recibiendo en todo momento la asistencia que necesitaba. Al terminar el protocolo, fue enviada al museo de Ciencias para su posterior estudio y conservación. Al cabo de un mes, se inauguraba con bombos y platillos la exposición Águila Arpía, el nuevo hogar de Morena. Desde entonces allí se encuentra, a la vista de todos los visitantes. Curiosamente, cada fin de semana el viejo artesano de juguetes, coloca su tarantín en las adyacencias de la plaza de los museos y entre sus creaciones más solicitadas por los niños está el águila arpía de majestuosa belleza. Quizás, a través de esta torre de control y a la imaginación infantil, por fin Morena pueda trasvolar el pico Naiguatá e inclusive llegar hasta el mar que  está más allá del horizonte.

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Música:
Gerry Weil Jazz Trio Brisas Del Ávila
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