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P.C. 891

Ramirez 2 min de lectura
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El otro día me dije: “Hoy es una buena mañana para ver unas exposiciones”.

En el sótano de piedra vetusta y sabia de la Casa de Los Morlanes, se encuentra la exposición fotográfica “Aquella niebla, este silencio” de Judith Prat, que retrata el esclavismo, la trata de personas durante los siglos XVIII y principios del XIX desde África a España y Europa, y de aquí a América. 

El silencio presente en el recinto ( solo yo contemplaba), la belleza poética de las imágenes, la reflexión ante las mismas, que recorren Ghana y Sierra Leona, Cádiz y Barcelona y acaban en Cuba y los ingenios de potentados españoles, fuerzan a desbaratar la niebla y a gritar contra las injusticias, el racismo y la sinrazón de aquellas atrocidades.

No hay esclavos, no hay cadenas. Hay flores, rostros, árboles, redes de pescadores, edificios, puertas antiguas de maderas caribeñas, una bañera de mármol en un jardín abandonado y hay cuatrocientas y pico imágenes pequeñas que simulan el diagrama del barco de Brookes, que ilustra las inhumanas condiciones en las que los esclavos eran transportados desde las costas africanas y europeas hasta América ( pueden buscarlo en internet).

Hay metáfora y belleza en cada foto, en cada encuadre. Me conmovió una pareja de fotos, colocadas una junta a la otra. En la primera, la imagen de un primerísimo plano de parte de la espalda de un pescador, tan cerca que se pueden apreciar las gotas de sudor, que nos llevan a la segunda imagen: el tronco de un árbol autóctono de Ghana, del que nacen unas espinas robustas y puntiagudas como duras gotas de sudor. La metáfora es perfecta.

Judith Prat sabe moldear las imágenes y crear un mundo poético y reivindicativo a su vez, que bien merece unos minutos de nuestro tiempo para disfrutarlo y para no dejar en el olvido.

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