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Poeta secreto. Poeta secreta.

Aliah Beik 3 min de lectura
Poeta secreto. Poeta secreta.
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Poeta secreto. Poeta secreta.

Era él, un poeta secreto, que se escondía en una isla, donde solo había una estación, la del tiempo en reposo o en movimiento, el tiempo deseado. Era dueño de cada segundo, de que cada segundo durara lo que dura un tic o lo que tarda una emoción entera entre aparecer, arrasar con el estado y resolverse en un fin mejor o peor para todo objeto que entra en su radio de acción. El lugar donde todo podía cambiar con una palabra. Una, y luego otra… Así cambiaba hasta el satélite meteosat, la hora del día, la canción de moda, la propia moda y modas, el paisaje, la dureza de la tierra y la vida misma.

Poseía una barca, con la que remaba buscando nuevos suelos firmes a descubierto o sumergidos. Buscar para explorar. Desde ese cascarón flotante observaba lo que ocurría a lo lejos, manteniéndose a distancia. Permitiéndose imaginar lo que no alcanzaba a ver con claridad. Resolviendo la ambigüedad de la lejanía de los hechos con cualquier trama por imposible que pudiera parecer, mantenida en firme hasta el final.

Creador de su propio fuego, del que todos los que habitaban su universo bebían. Creador de su propia esfera de aire contaminado solo por su imaginación. Hacedor de realidades que las palabras le susurraban. Realidades… i rrealidades.

Saqueador de tesoros no hallados, ladrón de todas esas maravillas vistas por primera vez sólo por él. Quemado por todas las veces que jugó con fuegos, curtido en batallas con el amor y el desamor. Marcado por sus luchas, acompañado por sus emociones. Expuestas.

Emociones que le averiguan, antes de conocerlas. Que le hablan de él, y que intenta envolver en musicalidades e historias veladas para mantener su secreto, el que él mismo se roba cada día. Ladrón de sí mismo. Herido por su propia creación.

En su recreo y su tiempo a deseo, perdió la noción del mismo tiempo, y llevaba ya triplicada la edad real de cualquier otro humano, único secreto que nunca desveló. Sentía cansados los ojos con los que siempre había visto ocasiones de crear hasta en la escena más cotidiana. Se sentía cada vez más al descubierto, sorprendido de no encontrarse emocionado por lo no concluido, por las medias historias que podía completar y por los desconocidos a los que podía dar la vida que él quisiera. Se sentía arrastrado por su propia historia y su obra, inabarcable.

Detuvo el tiempo, mucho tiempo, hizo girar los vientos y removió las arenas, las olas y las montañas. Puso todo del revés e intentó apropiarse de palabras que no querían ser alcanzadas. Descansó y cumplió otra edad más de principio a fin.

Los ojos se le endurecieron y se le transformaron en espejos, y solo le devolvían reflejos de lo que ya había visto por fuera y por dentro. Pensó resucitarse, pero le dio pereza hacerlo sin morir primero, eso era tema de fantasía, otro género que solo había rozado en su juventud.

¿Quién resucita a un hombre que nunca muere? Todo el mundo le envidia, pero nadie se para a pensar que igual necesita una nueva vida. Mirar de otra manera, ir a otro lugar, donde la palabra le encuentre antes de que él mismo la piense. Donde reuniendo todos los consigo mismos que le habitan, pueda escoger lo que él quiera de su propio anterior y convertirse en otro ser. Distinto. Otro poeta, volviendo a vivir su eternidad.

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