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Una vida, un juego

Aliah Beik 3 min de lectura
Una vida, un juego
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Una vida, un juego

Era un niño pequeño, mucho, que siempre tenía miedo. Que quería medir todo, que quería todo perfecto para tener el control de todo su universo. Que quería llegar siempre pronto, que llegar tarde era causa de desconsuelo. Se fue haciendo mayor y de repente era un adolescente viejo. Todo lo quería medido con regla, no aceptaba ni un céntimo de descuento. Lo que era blanco, lo veía blanco, y lo que era gris o amarillo, lo veía negro. Le parecía no muy bien, hasta que el azul del cielo no fuera intenso.

No daba tregua a nadie, porque todo lo que le rodeaba tenía que ser de cuento, de esos de mentira, donde nada se aprende porque todo está demasiado bien puesto. Tuvo parejas, tuvo hasta un pájaro que no desafinaba, lo había probado antes, por supuesto.

Con sus romances no llegó nunca a buen puerto, porque por miedo a que le dejaran, las dejó primero. Se perdió sorpresas y alegrías, también algunos sufrimientos, pero  ya se había acostumbrado a vivir en su propio convento, de clausura de entradas que lo pusieran al descubierto, que lo expusieran a lo que se llama “Vivir al completo”.

Sólo en los juegos de azar se dejaba llevar por lo incierto, disfrutaba de medio a poco, porque no le gustaba lo muy intenso.

Se preparó toda su vida para un plan secreto, jugar al ajedrez solo cuando supiera que podía ganar, sólo en aquel momento. Cuando eso ocurrió, ya tenía barba hasta en las orejas, preparó el tablero y las fichas y salió a jugar, por vez primera.

El empezaría a jugar, con las blancas. Su contrincante, con las negras. Lo había pensado todo, cómo sería, cómo movería cada pieza. Pero no había calculado, lo que no tiene cálculo ni cuenta, el reloj de uno mismo, que no te avisa ni te descuenta, el tiempo que hayas perdido sin aprovechar lo que tienes cerca. Y en el primer movimiento, cayó y ya no hubo más ni menos, ni plan ni medida ni control de lo que en vida tuviera.

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Quien lo conoció no supo más de él y quien no lo conocía sólo se acuerda del hombre que cayó en la partida teniendo todas las cuentas hechas. Y como hoy en dia todo se investiga, todo se comenta y los rumores se alimentan, alguien escribió unas palabras para ese hombre que en su vida creyó controlar lo que no tiene riendas.

Con el tiempo medido

por el paso de los acontecimientos,

formas parte de todo

aun quedándote quieto.

Caminos y oportunidades,

decisiones con y sin acierto,

todo avanza a su ritmo

aunque no inicies el movimiento.

Fichas que se cruzan,

las que te protegen y te hacen daño.

Las que te acompañan.

Las que caen y te dejan solitario.

En una partida que dura la vida.

En una vida que es un misterio,

de lo más nimio a lo más serio.

Cada paso afectará al adversario,

al más lejano, al de al lado,

al cercano.

Un juego sin instrucciones,

unos tiempos, unos medios.

Un juego con un inicio.

Sin prisas.

Con algunos miedos.

Con deseos y anhelos.

Con sus pros y sus menos.

Un juego con un final,

más o menos bueno.

Una partida que hay que jugar.

un juego que no puede controlar… todo el tablero.

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