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Casta Álvarez

Montse Roche Hernández Montse Roche Hernández 2 min de lectura
Casta Álvarez
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Casta Álvarez

¿Sabéis que pasa? Que hay historias que siguen latiendo en nuestra Ribera, nombres que suenan y la gente conoce, pero, quizás hay anécdotas no muy conocidas, que me gustaría que se oyeran, que nosotros supiéramos y nos creara interés.

Hoy quiero hablar de otra mujer, una heroína como la historia cuenta. Casta Álvarez, una joven zaragozana, que durante los Sitios de Zaragoza, se convirtió en uno de los símbolos de lucha y valor.

Me gustaría que imaginaseis la Zaragoza de 1808. Vosotros estáis en medio, viendo explosiones, humo, muertos, heridos. Veis como las tropas napoleónicas rodean la ciudad. Pero veis también una mujer. Ella va con paso firme, decidida a defender la ciudad.

Casta no tenia formación militar, pero disponía de coraje a raudales, de valentía, de valor para defender el Sitio y a sus compañeros y compañeras de batalla.

Seguro que conocéis la anécdota más famosa de esta heroína. Os la voy a recordar: Durante un ataque especialmente violento, un grupo de caballería francesa cargo contra las defensas del Portillo. Muchos empezaron a retroceder, pero Casta, dio un paso al frente, cogió una lanza del suelo y fue hacia los jinetes que avanzaban con gran fuerza y rigor. Uno de ellos, embistió directamente hacia ella. Casta lo detuvo en seco con un golpe contundente e inesperado. Esto sorprendió a los franceses y los defensores zaragozanos ganaron unos segundos para reorganizarse.

Casta no tuvo solo este acto. Cuentan que mas de una vez coordinó a vecinas del barrio para reforzar defensas o trasportar pólvora donde se necesitase.

Se afirma que una metralla la alcanzó en la pierna. Los compañeros quisieron evacuarla, pero ella, terca como solo alguien que defiende lo suyo puede serlo, respondió; “Mientras pueda sostenerme, no pienso irme”.

También cuentan que entre las batallas ayudaba como enfermera en un convento – hospital. Organizaba agua, vendajes, apoyo… Una monja dijo de ella; “Tiene alma de soldado, pero manos de hermana”.

Palafox, asegura la tradición, que la vio combatir y con admiración grito; “Hacen más estas mujeres que muchos batallones”.

Cuando todo esto terminó y las armas se silenciaron, nuestra protagonista eligió el silencio y el descanso. Se refugio en Cabañas de Ebro, nuestro pueblo vecino y perteneciente a la Ribera Alta del Ebro.

Allí, en esta localidad, entre calles familiares y voces de amigos, Casta volvió a ser una vecina más. Discreta, ella prefería la calma a la gloria. Quería curar sus heridas físicas y psicológicas.

Cabañas nunca olvidó quiere era. Su nombre quedó grabado en la memoria local, en homenajes, calles que la recuerdan.

Hoy, cada vez que se habla de las heroínas de los sitios, su figura brilla entre las demás como la mujer que defendió Zaragoza y a quienes la rodeaban.

Siempre que se nombra a Casta Álvarez , la recordamos con los Sitios de Zaragoza. Sinónimo de valor y valentía. 

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