A la mente le cuesta permanecer en la sensación. Quizás perturbada por su incómodo vacío.
La mente intenta escapar... en busca de algo... siempre un poco más allá, porque ella no conoce el secreto. Insiste, en vez de desistir, mientras la aurora, telúrica, encendida en la sensación la mira ir... una y otra vez... y la mira luego regresar... una y otra vez... prendida en la rueda de la repetición.
Cuando me miraste ayer me dí cuenta de algo… entre tú y un mundo siempre fuera de tu alcance hay un túnel extraño y vacío… no conozco a nadie más que conozca ese camino. Estás sola a la entrada del túnel porque sabes algo a lo que no puedo ponerle nombre… algo más profundo y despiadado de lo que puedo llegar a comprender… Me doy cuenta de que nunca podré acercarme a ese mundo… solo puedo anhelarlo porque está oculto por una luz y un calor que no puedo soportar. …si te perdiera sería mi fin imperdonable… porque no sé nada de ese mundo innombrable…
Quien habla es Karrer, el personaje de la película La condena de Béla Tarr. Parece salir por momentos desde su niebla interior cuando en ese monólogo confiesa a la cantante el anhelo más profundo de su alma.
Dice Karrer: “Yo no me aferro a nada, pero todas las cosas se aferran a mí”. Para Rancière… esta declaración íntima sobre el carácter, según el cual mundo exterior penetra al personaje es una declaración de método cinematográfico.
Quiero añadir que, a mi modo de ver, es algo más que método cinematográfico. Porque esa mirada que no se aferra, sino que se desprende de las cosas, puede abrirse, se abre la mirada interior, la conciencia de un vacío, en el espectador entregado a la lentitud, y esa abertura interior lo conducirá a un espacio intermedio, un “entre”, un entrelazamiento de la realidad abrazada a su vacío.
Porque en la abertura interior emerge el mundo, como sensación… la niebla, la lluvia, los vasos de la taberna, la demora de la cámara en las habitaciones o en el mismo rostro de los personajes… detenida en el rostro la cámara como en un decorado más. El espectador siente en esa demora interior, en la distancia interior abierta… siente la sensación… como luz como calor…
…porque está oculto por una luz y un calor que no puedo soportar.
El espectador siente la sensación de las cosas tocadas por la cámara como luz, como calor… ¿por qué no lo puede soportar el personaje? ¿Por qué no lo podemos soportar así en la vida?
El mundo, la realidad pesa dentro del personaje, nos pesa como repetición, pesa el círculo de las repeticiones a la que la materia está abocada en su aferramiento, todas las cosas se aferran a mí, dice Karrer.
La materia y la biología como rueda generacional. Esa es la imagen con la que comienza la película de la condena: la cadena interminable que transporta el mineral en el funicular, y esa imagen explica el título, La condena, y explica el final de la película: Karrer ladrando atrapado kármicamente por la repetición.

Frente a la experiencia del personaje expresada en la pantalla, lo que cuento aquí es mi propia experiencia como espectador, aunque como se dirá luego, ambas puedan quizás confluir.
Porque el hundimiento de los personajes, su caída expresada en los tonos sombríos de paisajes y rostros, a través de la lentitud amorosa de la cámara, se hace indivisible del movimiento contrario, contrario a la caída es el movimiento producido por el arte, por el cine…
…el ojo compasivo de la cámara, su lentitud compasiva, envuelve a los personajes y eleva de esta forma a través del arte su dignidad.
Estás sola a la entrada del túnel porque sabes algo a lo que no puedo ponerle nombre…
…y eleva de esta forma a través del arte la mirada del espectador.
“La mirada y el decir”, ese es un capítulo del libro “De la Aurora” de María Zambrano.
María Zambrano en la mirada y el decir se aleja de su maestro Ortega y Gasset quien señalaba la expresión, el decir, como un fenómeno cósmico. Pero lo hacía de una manera relativa… todo en la vida tiende a ser expresión que produce un efecto… todo se hace por algo y para algo, según Ortega… es el mundo de la acción que produce una consecuencia… todo se relaciona con algo mediante su causa y su efecto. Se relaciona… todo se expresa en relación.
Pero Zambrano, como dice ella misma, se aleja justamente de esta mirada relativa de su maestro.
El decir que advertimos en todo ser viviente, como apetencia y aún desesperado anhelo, presupone no una acción, ni menos aún un algo, sino un alguien que escuche cuando todavía no se sabe tan siquiera qué es lo que va a decirse; cuando llegado el momento de ser escuchado, ni entonces se sabe qué es lo que quiere decirse. Entonces la mirada o el silencio pueden ser más elocuentes que la misma palabra que dice.

El hombre en la ventana es la mirada y el silencio.
El espectador frente a la lentitud de la pantalla es otra mirada brotando como vacío en la abertura del silencio. Una mirada que acoge con luz, calor, amor telúrico, la devastación de los personajes. Así es el cine de Béla Tarr
amor espontáneo por un mundo que sufre…. y así es la mirada o el silencio que nombra Zambrano, un decir que no presupone decir algo, sino un decir a un alguien.
¿dónde ese alguien?
si te perdiera sería mi fin … porque no sé nada de ese mundo innombrable…
El amor ha brotado en el silencio y despierta el anhelo de ver, el anhelo de presencia…
Y así sucede que se vayan abriendo los ojos que los primeros vivientes no tuvieron. …. Los ojos con los que miramos lo que ni siquiera sabemos si es visible, con los que rastreamos la presencia y la figura.
Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura
mira que la dolencia de amor,
que no se cura
sino con la presencia y la figura.
Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.
….
…y luego me darías
allí, tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día:
el aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.
Frente a la mirada relativa atrapada por las cosas y el encadenamiento de las acciones hay una mirada absoluta, contemplativa, que le da a lo visible…al monte y al collado al soto y su donaire pero también en el contexto tan diferente del cine de Bela tarr... a los vasos de la taberna, a las paredes desconchadas, al barro, a la lluvia… al viento arrastrando las ruinas y las hojas, se trata de una mirada que da al mundo sensible, a la sensación, el tiempo para producir su efecto en el interior, su desgajamiento, su amor.
solo puedo anhelarlo porque está oculto por una luz y un calor que no puedo soportar.
Ser un ritmo, horadado. Un ritmo. Una manera de derramarse el alba en las paredes, sin naranjas ni violetas. Derramarse de uno a otro lado, como querencia de agua. Esa luz. Esa mirada.
“La amada en el amado transformada”. Dos verdades, una sola realidad. Entre la caída y la elevación, un único sabor.
“La belleza y lo terrible van de la mano. Lo oscuro, lo desconocido lo oculto es la raíz de lo que llamamos esplendor.”
Esto escribió Annie Dillard.
porque sabes algo a lo que no puedo ponerle nombre ..algo más profundo y despiadado de lo que puedo llegar a comprender… porque está oculto por una luz y un calor que no puedo soportar.
Agradezco con mucho cariño la entrañable, la hermosa colaboración de Ana Belén Pérez y Azucena de Pablo en este extenso, fragmentado texto que no puedo llegar a comprender.