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Música y Pensamiento

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Música y Pensamiento

La música y “lo prohibido” han tenido una íntima relación desde los orígenes de la historia de la humanidad. En estos tiempos en los que se discuten los límites que separan la libertad de expresión de la apología del odio, la música es una las formas más poderosas de libertad que nos acompaña de manera constante a lo largo de nuestra vida.
Nadie está a salvo de posibles persecuciones o cancelaciones. Ni en el terreno artístico ni en ningún otro, pero si hablamos de la música, el lenguaje universal por excelencia, no está de más recordar que en el tercer Reich se llamó música degenerada a la compuesta por los judíos, la de autores que los trataron con simpatía, la de compositores caprichosamente calificados de bolcheviques y la que tenía su origen en otras culturas, la no alemana, y cuya mayor expresión era el jazz.

La imagen de un saxofonista negro con la estrella de David en la exposición celebrada en Düsseldorf en 1938 fue todo un símbolo de arte degenerado y la música que imaginariamente emanaba de ese instrumento era la música degenerada. Aquella fue la culminación de toda una acción que había comenzado en 1933 con la quema de libros, la depuración de las artes y la inclusión de determinados autores en el catálogo de artistas enemigos del pueblo alemán. El adversario a batir era el judaísmo internacional. En todo este entramado político, la música del sistema debería ceñirse a unos cánones fijados en el año 1938. Por incumplimiento a esas normas centenares de compositores e intérpretes sufrieron persecución y algunos acabaron en los campos de exterminio. Los más afortunados pudieron escapar a Estados Unidos o Inglaterra, donde precisamente fueron aplaudidos gracias a la música degenerada por la que las autoridades de su país les habían perseguido.

Cartel que anuncia la muestra de Düsseldorf (1938) de la música dicha degenerada

¿Pero es que la música puede degenerar al hombre?

La visión pitagórica afirma que la música puede penetrar en el alma gracias a que la armonía de la música refleja la armonía celestial y también la armonía del alma porque están gobernadas por las mismas leyes numéricas. De hecho, los mitos musicales griegos se mueven sobre un trasfondo ideológico que pone en íntima conexión la música con nuestro mundo moral. Por esta razón tanto Platón como Aristóteles insisten en que sólo ciertos tipos de música resultan apropiados.

A lo largo de la historia tenemos muchos ejemplos de música “no adecuada”, desde el famoso tritono medieval (diabulus in musica) hasta los recientes narcocorridos. Este subgénero musical de origen mexicano está en boga actualmente por el sorprendente culto al narcotráfico a raíz de exitosas series de televisión como Narcos, que han cantado a los asesinos en serie e incluso al Chapo Guzmán. Esto ha tenido como consecuencia que algún gobernador local los haya prohibido en bares, sobre todo después de que en diferentes conciertos de narcocorridos hayan muerto varias personas por reyertas.

Edgar Quintero canta al Chapo Guzmán en alguno de sus narcocorridos

Si algo es incuestionable es que la música, el lenguaje artístico más universal, está íntimamente ligada a la forma de pensar, sentir y expresarse de una cultura, pero ¿dónde están los límites, si es que éstos deben existir? Hay una manera más sutil y cruel de prohibición.

Como dijo el escritor Ray Bradbudy, no es necesario quemar libros para destruir una cultura; solo hay que lograr que se dejen de leer.

Elfriede Lohse-Wächtler, pintora incluida en la lista nazi de artistas degenerados, es la autora de la obra que figura en portada Vista sobre el Pueblo (1929)
Gustav Mahler fue un compositor judío cuyas obras también fueron incluidas entre las degeneradas.
Otros artistas como Jawlensky o Kokoschka incluidos en dicha lista de artistas degenerados, ya han hecho aparición en esta publicación.

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