He de confesar que no sé cocinar. Me he pasado la vida alimentándome de lo que han preparado las personas de mi alrededor. La verdad es que he tenido suerte en eso y ya saben el refrán: “La necesidad hace maestros”, así que nulo o casi nulo conocimiento culinario. Pero eso está cambiando. Ahora que tengo más tiempo, he decidido aprender a cocinar. Me compré una pesa pequeña de cocina, varios artilugios tipo exprimidor de limas y limones, cacerolas de acero inoxidable, gadgets de repostería, azúcares de distinto pelaje y especias por un tubo y, por último, un robot de cocina. Y me pregunté: “Y ahora, ¿qué hago con todo esto?” Hay un lugar en la ciudad donde puedes apuntarte a un curso temático de cocina en el que , además, de aprender a hacer un plato en vivo y en directo, te lo comes compartiendo con otros compañeros aprendices.

Ya he ido a dos y he invitado a distintos miembros familiares: uno de arroces y paellas y otro de cocina vasca. El tercer curso va a ser moderno y exótico porque así lo ha decidido el joven que me va a acompañar: Iniciación al sushi. Este será gracioso. La experiencia es divertida: conoces a otra gente, te mandan cortar un boniato a cuadraditos de 2cms o a laminar ajos o a remover una crema pastelera mientras te tomas una copa de vino y charlas con los miembros de tu equipo. Me gusta que la chef responda a todas las preguntas que nos van surgiendo y que dé la aprobación a los guisos. Cuando estos ya están listos, emplatamos y a comer. La verdad es que después de dos horas y media de vinitos y cervecitas todo sabe buenísimo. En casa me he atrevido con la paella de costilla de cerdo y boniato al romero. Con socarrat incluido. Dejo para otro día los piquillos rellenos de morcilla y puerro en salsa, el bacalao al pilpil con puré de patata y col y, de postre, una pantxineta. En fin, cualquier actividad que reúna viandas y bebidas, gente simpática y con ganas de aprender y compartir, merece la pena. Y unos consejos: Procuren aventurarse por caminos nuevos. No tengan miedo a lo desconocido. Déjense sorprender. Aquí está la salsa de la vida.