Me gusta mucho un poema, gongoriano, que dice, "que se nos va la Pascua, mozas, que se nos va la Pascua". Pero mientras tanto. Mientras tanto se trata de algunas pequeñas cosas. Lo hablábamos hace poco tiempo con nuestro director.
Leí un libro que se titulaba algo así como EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS. Creo que era de una autora india. Y hace tanto tiempo que no recuerdo nada del libro. Pero qué bello título.
También hay un tema de Serrat que habla de eso. Aquellas pequeñas cosas (por cierto, déjenme hacer un inciso: coincidí con JMS en unos pasillos, una tarde de mi vida, y acababa de cantar esa canción, nos miramos y fíjate que no había que decir nada, pero soy incapaz, y le suelto BIEN, MAJO, BIEN. El mozo diría, pero ¿quién es éste que suelta ahora que he cantado bien esa canción?). Sigo.
Esto, pues, va a ser un pequeño artículo, una pequeña cosa. Espero que sepas comprenderme.
Esto, escribir en una publicación minoritaria, está conectado con el placer de las pequeñas cosas. Y ahora mismo tengo que decirles que no entiendo algo que no sea placer de pequeñas cosas.
Nos tenemos que ver más.
He estado esta tarde paseando.
Un hombre que hace túneles, me ha regalado unos aguacates. Las cría él en un pueblo de Granada.
Ayer Carlos quería compartir conmigo medio roscón de Reyes. Tuve que decirle que no como dulce.
Esta mañana me he tomado un vino blanco, dulce. Me gustan esos nombres tan feos que les ponen a los vinos: el marido de mi amiga, el marido de la peluquera, el marido de tu prima la del pueblo.
Esta mañana he cantado El gato que está triste y azul, para una emisora que se dice Radio Tirana (y que transmite música balcánica).
Mañana desempolvo la lira y recitaré algo que un juglar hizo siglos antes, ponéle SI DE MI BAJA LIRA, TANTO PUDIESE EL SON.
Ya te voy a pedir, por último, que escuches AYUDA (de la Pérez Cruz y Juan Quintero)