Hola, ¿Habéis disfrutado de la semanita?
Ayer, reflexionaba sobre algo que dijo mi amiga Olga. Dijo, que le habían salido arrugas.
Oh! caos, locura total, muerte súbita...
Pero, ¿qué pasa?, ¿no es normal? pensé yo.
Con la edad, todas y todos cambiamos. Maduramos, por dentro y por fuera. Para mí, es genial.
No vamos a tener siempre 20 años, que menos mal, también os diré.
A los 20 tienes granos en la cara, ahora no. Ahora, alguna arruguita, pero son del disfrute de la vida, de sonreír. No tengo surcos de llorar; a los 20 dolían los huesos de alguna caída, esguince, rotura...
Ahora me duelen pero de haber trabajado o de mi clase de pilates con Paula; la cabeza, antes dolía de alguna copichuela de más, ahora duele de la adolescencia de mis hijos y de las ocurrencias de mi marido... que me pone la cabeza como un bombo.
Los cambios en la vida son normales, nos moriríamos de aburrimiento con una rutina total.
Los cuerpos cambian, la mentalidad cambia, las preocupaciones cambian, pero... ¿y qué?
¡Debemos afrontar la vida, y si se puede, con humor!!
Mis amigas, las de Torres de Berrellén, solemos ir a comer o a cenar una vez al mes. Mentiría si digo que nunca chismorreamos, pues por supuesto que sí. Alcahueteamos y nos ponemos al día de cositas varias de nuestro pueblo y de los de alrededor.
Eso también es la edad, yo ahí, me identifico con los señores y señoras que había en mi pueblo, cuando éramos crías, sentados en los bancos a la fresca. Seguro que a alguno o alguna os pasaba como a Natalia y a mí. Nosotras no sabíamos por cual pasar. Teníamos varios frentes, por cualquiera que pasaras, las cabezas, llenas de laca, iban en la misma dirección que nuestros pies, y se oía en un murmullo que decía "¿Estas chicas de quien son pues?"
En una de estas comidas, alguien comentó que le habían llamado señora, ¡Ojito, cuidado, que duele!

Es que esa palabra, va directa al corazón. Alguien nos ha herido, y ya nos matan cuando nos hablan de usted.
Ey, y las primeras canas ¿Qué pasa? ¿Qué desastre natural es ese? Yo tengo un mechón, como mi prima. Aunque somos rubias, pero con las morenas.... ojito, que hay trauma, hay que comenzar a teñirse.
Ay, amigos y amigas, cuando vas al oculista y te dice: "lo de siempre y añadimos presbicia".
No, no, eso sí que no, no puede ser.
Imaginad, una señora o señor a la luz de una ventana con un papel en las manos a la altura de las rodillas y con la cabeza para atrás, como si miraras al techo, pero lees el papel. Esta habilidad, solo la tenemos los que tenemos presbicia.
Consejito para finalizar: no llaméis señora a ninguna joven como yo... tengo 43 años.
Hasta la semana que viene, jóvenes.
Si pulsamos sobre el play situado sobre la foto inicial, se puede ver un anuncio publicitario argentino que la gaRceta recupera para dedicárselo a todas aquellas jóvenes que jamás llegarán a ser... se ño ras