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Ritual a sorbos

Enrique Pérez Arco Enrique Pérez Arco 3 min de lectura
Ritual a sorbos
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Ritual a sorbos

Los pasos se detienen y comienza la oración.
Cuando toco las letras con la yema del aire
aún desprende serenidad la amargura.
Están los cuerpos tendidos hacia el sur
en su muerte.
La pausa, la trémula esdrújula en las cortinas.
¿Hacia dónde miro?
¿Qué destrucción inevitable sostener
en los brazos?
Visillos, vapor de lana,
tul movido por los labios de manera exquisita.
Así tan despacio va la tarde como una plegaria que resbala.
La piel ocurre con una lentitud sin final
que aún tiembla en algunos cuerpos vivos,
acogidos en un regazo solitario detrás de la ventana.
Ocurre al otro lado, donde la intimidad siempre ocurre.
En secreto y desnudo, un susurro desciende
desde alguna parte amorosa de uno mismo.
Un caído blancor al sur del cielo desciende también.
Si pudiera ser, si pudieras venir hacia dentro
donde la estrella de la desaparición caída
baja por mi espalda, caída a veces.

Pertenece al color blanco la dirección de este poema. En realidad, ambos, el color blanco y el azul se entrelazan al comienzo de cualquier cosa que vayamos a emprender. Yo los dejo ir por la acequia, como la palabra bordada, que huele a sombra mientras suenan aquellas lejanías de la infancia. Los huertos eran allí nuestra piel. ¿Recuerdas?

Así empieza la película El eco, aromática y envejecida, como la calidez del hogar o la lumbre que chisporrotea en la memoria. Si el azul es conciencia en la cúpula interior, antes del pensamiento, o un paso atrás, el blanco es la forma del mundo. Diríase que emergen, las formas, tal como reflejos. Un aroma es así. Se hunde sin fondo, brilla sin sustancia. Como las apariencias danzan dentro del espejo en la cúpula azul del interior. Como el arcoíris. Pon tus manos en el cielo, verás con qué trémula esdrújula te recorre la espalda la estrella de la desaparición.

Pero si yerras y le das realidad o pensamiento o argumentación, te nace entonces cualquier combate encima del pecho. ¿Has pensado que es inútil la proliferación de los argumentos a estas alturas de la realidad? ¿Qué victoria podría agarrar o llevarse en sus manos la piel de un espejo? Y entonces cuando  te pones frente al mundo, en vez de acompañarlo a su lado en sus contradicciones queriendo deshacerlas, tendrás que luchar. La ira aplastará el brillo de los insectos que nacían en las manos a fuerza de acequias y de aroma. En aquella infancia. La del eco. Era entonces suficiente la fugacidad del mundo. Su chisporroteo que se nos iba yendo poco a poco cerca de la madrugada. Llegados a este punto, desistir es el secreto. La estrella de la desaparición es un murmullo. No puedes agarrar su aroma. Desaparece según dura la inspiración demasiado tiempo. El brillo de los insectos encima de las manos nunca pesa. No tiene consistencia. La ofrenda esparcida sobre las nubes llena de color durante un instante la mirada. Entrena, pronuncia, murmura un arcoíris dentro del color blanco y cruza así los azules del cielo, rebelde en el amor que aprecia la fugacidad del mundo, su destello momentáneo.  Desiste, cruza al lado íntimo de las cortinas antes de que llegue inevitable el pensamiento cruel con su afán de combate por encima de cualquier cosa.

Enlace al texto "Color Azul", por si les apetece recordar.

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